Dicen que la sedestación prolongada independientemente del nivel de actividad física que se tenga, aumenta en un 13% el riesgo de morir por cualquier causa.
Más de 9 horas al día de sedestación, incrementa el riesgo de cáncer en un 390%.
Bien.
Eso es cierto.
Tu silla es más peligrosa que el tabaco, el estrés y el azúcar juntos.
El sedentarismo te está matando más despacio que un cigarro, y además con más precisión.
Ya no importa si vas al gym o si caminas de vez en cuando.
Si tu día se divide en:
sentarte → trabajar → sentarte → comer → sentarte → sofá
Tu cuerpo está envenjeciendo 3 veces más rápido de lo que debería.
Pero el drama ya no es solo físico, también es mental:
Más dolor
Menos energía
Más rigidez
Menos motivación
Cero confianza en tu cuerpo y en tu movimiento corporal.
Falta de autoestima
....
390% es un porcentaje muy alto eh.
Ni el anuncio más alarmista se atrevería a poner una cifra así.
Pero es REAL.
Y si no cambias tu movimiento, tu movimiento te acabará cambiando a ti, (y me temo que para mal)
Si me permites, quiero contarte una historia que explica lo que realmente transforma a una persona.
Una que no tiene nada que ver con el deporte pero que explica TODO sobre por qué unas personas cambian su manera de moverse y otras no.
Invierno de 1973
Tabby, de 23 años, puso a dormir la siesta a sus hijos mientras esperaba que su marido volviera del trabajo.
La mayor tenía apenas dos años y el pequeño no llegaba al año.
Tanto Tabby como su marido soñaban con convertirse en escritores, pero hasta la fecha lo único que habían cosechado era una larga lista de rechazos por parte de las editoriales y apenas ganaban dinero con ello.
Tabby estaba durante el día con los niños y por las tardes trabajaba en un Dunkin Donuts.
Su marido era profesor y también tenía un trabajo parcial en una lavandería.
El poco tiempo libre que le quedaba lo dedicaba a escribir, pero cada vez se estaba resignando más a que su sueño nunca se convertiría en una realidad.
Tabby, tras poner en la cama a los niños para la siesta fue al cuarto de la colada de su caravana, que servía también como despacho de su marido, y vio la mesa hecha un desastre, llena de papeles arrugados y libros apilados.
Sin embargo, en la papelera le llamó la atención uno de los papeles que estaban abandonados ahí y leyó un par de frases del mismo.
En realidad no solo era un papel, si no que se trataba del inicio de un manuscrito fallido.
Su marido siempre le comentaba las historias y las ideas que tenía, pero lo que estaba escrito ahí no le sonaba para nada.
Y lo que vio era bueno.
Era MUY BUENO.
Siguió leyendo y lo terminó de una sentada. No podía creer lo que estaba leyendo ni la razón por la que estaba tirado en la papelera.
Su marido llegó poco después y Tabby le enseñó el manuscrito y le preguntó por qué lo había tirado y no se lo había ni siquiera enseñado.
Él, avergonzado, le dijo que había empezado a escribir una idea pero que no tenía claro en qué se iba a convertir, ni como seguirla o finalizarla y que sentía que no tenía suficiente conocimiento o talento para hacer algo con sentido.
También le dijo que iba a olvidarse de una vez de escribir, ya que tenía claro que nunca lograría nada y que había decidido centrarse en trabajar y traer dinero para la familia.
Su mujer, impactada, le dijo que no.
Que ese era el manuscrito que marcaría un antes y un después.
Lo sabía, no tenía ninguna duda al respecto.
Y si sentía que no era capaz de hacerlo solo, lo harían juntos. Ella le ayudaría a convertirlo en una novela completa.
Y así lo hicieron.
A pesar de que el marido creía que estaba escribiendo el peor libro de la historia, durante los siguientes meses estuvieron trabajando en el proyecto hasta que en primavera de 1974 finalizaron el manuscrito y lo presentaron a varias editoriales.
Ambos se quedaron boquiabiertos cuando una de las editoriales les dijo que no solo iban a publicar la novela, si no que al poco tiempo le compraron los derechos por 400.000 dólares (que al cambio actual serían dos millones y medio de dólares).
Y eso solo fue el principio.
Porque el papel que Tabby sacó de la papelera ese invierno del 73 fue lo que se acabaría convirtiendo en la novela de terror CARRIE.
Y su marido, que se acabó convirtiendo en uno de los escritores más famosos del mundo, no era otro que Stephen King.
Y te cuento esto por una sencilla razón.
Para que entiendas que muchas veces (por no decir el 99% de las veces) somos NUESTRO PEOR CRÍTICO, el peor enemigo posible.
Porque solo hace falta una persona que crea en ti. Una persona que esté a tu lado, que te guíe y que te aconseje.
Que te apoye y que vea todo tu potencial, el cual tú la mayoría de veces pasas por alto.
Porque esto no va de cantidad.
Va de calidad.
Yo, (siendo honesto) no he sido disciplinado en mi vida, para que te voy a engañar, he empezado muchos proyectos, cursos… y ¿sabes que ha pasado?
Efectivamente.
Que los he dejado a medias. Siempre me he puesto excusas.
Pero hay un ámbito, solo uno, en el que he sido constante, paciente y disciplinado desde que era pequeñito.
Pico y pala, pico y pala.
El entrenamiento, la salud y el deporte.
Por eso me formé como técnico superior en Actividades Físicas y deportivas, Preparador Físico y Nutrición Deportiva especializado en el entrenamiento funcional con tu propio peso corporal.
Sin máquinas, sin gimnasios, solo tú y tus ganas de mejorar cada día.
Bueno no, miento.
Alguna pesa rusa, anillas combinado con alguna barra en un parque de calistenia... pero eso es todo el material que vas a necesitar.
Mi propósito es ayudarte a moverte mejor, crear un cuerpo longevo y funcional, adquiriendo un estilo de vida mucho más saludable, gracias al entrenamiento basado en la CONSCIENCIA CORPORAL y el MOVIMIENTO NATURAL.
Cuando alguien llega a mí, llega igual que Stephen King en ese cuarto de la colada:
Sin movilidad, con dolor, con miedo a moverse pensando que ya es tarde y convencido de que su cuerpo está roto.
Pero yo sí veo lo que esa persona no ve. Yo veo las infinitas posibilidades que tiene, y no las limitaciones.
Y ese, considero que debe ser el papel real de un entrenador, sacarte del cubo de basura en el que te has ido metiendo poco a poco antes de que termines definitivamente por tirar la toalla con tu salud y pase el camión a recogerla y ahí si que será muy muy difícil.
Ahora, también te digo que yo no te hago rutinas genéricas, ni cuento las repeticiones como una calculadora.
Para eso tienes internet y a chatGPT.
Yo enseño a personas como tú que estás leyendo esto a:
Moverse cómo auténticos seres humanos, no como muebles de IKEA.
Recuperar patrones de movimiento que llevan 20 años perdiendo.
Reducir el dolor y aumentar la FUERZA gracias al entrenamiento funcional enfocado para sus vidas y su día a día.
A volver a reconectar con su cuerpo.
Y a sentirte CAPAZ de cualquier cosa otra vez perdiendo el miedo a realizar movimientos más complejos.
Son entrenamientos simples, naturales,minimalistas y diseñados para personas reales, no para atletas con 150 filtros en Instagram.
Si después de haber leído esto quieres que te acompañe en ese proceso me parece perfecto.
Lo único que tengo que decirte es que trabajo con pocas personas, porque el proceso es personal, directo y me exijo mucho para que mis clientes consigan sus resultados.
Si quieres que valore tu caso te dejo un botón debajo, donde podrás agendar una llamada conmigo, y así nos podremos conocer y ver cuales son tus objetivos.
No te prometo milagros, pero sí compromiso, claridad y resultados medibles.
Si quieres recuperar tu cuerpo y moverte sin miedo empieza AQUI.
Pero antes de que entres, como soy una persona honesta, te diré si realmente puedo ayudarte a conseguir lo que quieres, y por eso quiero que tú también lo seas.
¿Puedes coger un papel y un boli?
Y tómate el tiempo necesario para responder a estas preguntas con la mayor honestidad y sinceridad posible:
¿Quieres volver a confiar en tu cuerpo?
¿Quieres reducir tu dolor (en caso de tenerlo) y volver a sentirte fuerte y CAPAZ?
¿Quieres dejar de entrenar como una maquina y empezar a moverte de manera más humana y natural?
Si tu respuesta ha sido SI a dos de las tres preguntas.... NOS VEMOS DENTRO.
